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Concepción del hombre de la edad media al renaciminto

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La concepción antropológica tanto en la edad media como en el renacimiento, son iluminados por la concepción de la sociedad, del hombre y su mundo latentes en ambas épocas.

La sociedad medieval está caracterizada por la concepción de un Dios Todopoderoso, Omnisciente, creador de todo lo que existe según el credo católico, creador de todo lo visible e invisible.

Bajo este poder absoluto, como acción de Dios está sometida la voluntad humana. Todo lo posible todo lo permitido está regido por la Omnipotencia de Dios.

La antropología medieval en el plano religioso o teológico está marcada por la concepción natural: el hombre es una criatura salida de la mano de Dios y todo lo que este realice está orientado al cumplimiento del querer o voluntad de Dios. Filosóficamente, esta antropología lleva los rasgos del pensamiento Platónico-Aristotélico.

Como esta filosofía fue cristianizada por San Agustín y todo el movimiento escolástico, el hombre es siempre visto o entendido por su referencia a Dios, de aquí que su acontecer estará orientado a buscar y hacer lo que Dios espera de él.

La práctica de las virtudes Platónico-Aristotélicas es entendida en el contexto medieval de carácter religioso, como virtudes cristianas. En síntesis la antropología medieval está referida como antropología cristiana es decir: el hombre es concebido o entendido religiosamente bajo la imagen de Jesucristo, quien lo redime, librándolo de sus ataduras materiales y mundanas; es un hombre visto más referido a lo divino o sobrenatural, supersticioso, llamado a cultivar más su dimensión espiritual que la llamada dimensión material.

 

Para dar una mejor explicación a lo anterior nada mejor que ver la película en busca de la felicidad, donde nos muestra de una manera más clara el cambio que se dio de la edad media y el renacimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA ANTROPOLOGÍA RENACENTISTA

 

 

 

 

El renacimiento es un movimiento artístico y cultural dado más al retorno de lo clásico.

En el surgen las artes, teniendo como modelo lo clásico. De aquí, que la visión que el renacimiento tiene del hombre se separa de la visión medieval en cuanto que este hombre es artífice de su destino, de su vida y de su mundo.

El hombre s un artista de sí mismo, de su fe, de su mundo de su realidad, a través del uso de su razón, facultada que lo distancia o distingue del resto de los seres del mundo.

Mientras en la edad media el hombre es concebido como fruto de la acción divina, en el renacimiento es concebido como fruto de su propio esfuerzo. Mientras en la edad media en el hombre reina la fe y la superstición, en el renacimiento reina la razón, la conciencia de sí y el conocimiento.

En el renacimiento el hombre es más material que espiritual, es decir es un ser más del mundo que de Dios, potencia más sus cualidades que los atributos que la puedan venir de Dios.

 

De san Agustín podemos tomar lo siguiente para ver un poco más la concepción de Dios en el hombre.

“verdadero sacrificio es toda obra que se hace con el fin de unirnos a Dios en santa sociedad, es decir, toda obra relacionada con aquel supremo bien, mediante el cual llegamos a la verdadera felicidad. Por ello incluso la misma misericordia que nos mueve a socorre al hermano, si no hace por Dios, no puede llamarse sacrificio. Porque, aun siendo el hombre quien hace o quien ofrece el sacrificio, éste, sin embargo, es una acción divina, como nos lo indica la misma palabra con la cual llamaban los antiguos latinos a esta acción.

Por ello, puede afirmarse que incluso el hombre es verdadero sacrificio cuado está consagrado a Dios por el bautismo y está dedicado al Señor, ya que entonces muere al mundo y vive para Dios. Esto, en efecto, forma parte de aquella misericordia que cada cual debe tener para consigo mismo, según está escrito: ten compasión de tu alma agradando a Dios.

 

Si, pues, las obras de misericordia para con nosotros mismos o para con el prójimo, cuando están referidas a Dios, son verdadero sacrificio, y, por otra parte, solo son obras de misericordia aquellas que se hacen con el fin de librarnos de nuestra miseria y hacernos felices (cosa que no se obtiene sino por medio de aquel bien, del cual se ha dicho: Para mi lo bueno es estar junto a Dios), resulta claro que toda la ciudad, redimida es decir, la congregación o asamblea de los santos, debe ser ofrecida a Dios como un sacrificio universal por mediación de aquel gran sacerdote que se entregó a sí mismo por nosotros, tomando la condición de esclavo, para que nosotros llegáramos a ser cuerpo de tan sublime cabeza. Ofreció esta forma de esclavo y bajo ella se entregó a sí mismo, porque solo según ella, pudo ser mediador, sacerdote y sacrificio.

Por esto no exhorta el apóstol a que ofrezcamos nuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable al Dios; éste es vuestro culto razonable, y a que no nos conformemos con este siglo, sino que nos reformemos en la novedad de nuestro espíritu. Y para probar cual es la voluntad de Dios y cual el bien y el beneplácito y la perfección, ya que de todo este sacrificio somos nosotros, dice: por la gracia que Dios me ha dado, os pido a todos y a cada uno: No tengais de vosotros mismos un concepto superior a lo que es justo. Abrigad sentimientos de justa moderación, cada uno en la medida de la fe que Dios le ha dado. A la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros y todos los miembros desempeñan distinta función, lo mismo nosotros: siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, e individualmente somos miembros unos de otros y tenemos carismas diferentes, según la gracia que Dios nos ha dado.

Este el sacrificio de los cristianos: la reunión de muchos, que formamos un solo cuerpo en Cristo. Este misterio es celebrado también por la iglesia en el sacramento del altar, del todo familiar a los fieles, donde se demuestra que la iglesia, en la misma oblación que hace, se ofrece a sí misma.”    

 

En el anterior escrito de san Agustín podemos observar la importancia que tiene Dios en la vida del hombre espiritual, que lo cambia completamente, tanto en el modo de pensar, modo de vivir, y en general todo, los invito a leer el libro del santo anteriormente mencionado: “la ciudad de Dios”. Además podemos hacer un paralelo de estas dos maneras de vivir: la parte únicamente racional, o la parte espiritual que personalmente he experimentado que es inpresindible en la vida del hombre pues todos tenemos dimensiones que debemos vivir.

 

 

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